Rafa Benítez - Newcastle United Football Club

Newcastle, un gigante en el limbo

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La temporada acabó para el Newcastle de manera ilusionante. Rafa Benítez había acompasado a un equipo que había sido capaz de doblegar a todo un Manchester City cual muralla numantina. Los cantos de sirena de la venta definitiva del club a un inversor árabe (familia del jeque dueño del PSG) hacían pensar a la hinchada del Newcastle que quizás, con la marcha de Mike Ashley se volvería a recuperar su grandeza.

Pero sabe el aficionado Geordie que Mike Ashley no es un tipo de fiar. Sabe que no se gasta el dinero en fichajes, ni en aumentar la infraestructura del club, ni en mejorar las instalaciones, ni en potenciar a uno de los clubes con mayor riqueza del país y con una afición de fieles y una masa de seguidores que le podría catapultar, con mínimos esfuerzos, a lo que fue en los finales de los 90: una alternativa al Big Four que cada día es más Big Six.

Y es que Ashley, que en 12 años en el cargo ha puesto el club en venta en inenarrables situaciones cancelando los acuerdos cuando ya estaban acordados, ha decidido que lo mejor es que Rafael Benítez no siga en el equipo. Hay quien dice que Rafa ya se merecía una estatua al lado de Sir Bobby Robson y quien no lo cree así, no duda que la habría conseguido si el dueño no le hubiera puesto ataduras.

Rafa se va tras no llegar a un acuerdo para la renovación de su contrato que expira el 30 de junio de 2019. Pero en realidad, lo que sucede es que sale del equipo cansado de las promesas inclumplidas, del afán de estancamiento de un club que merece estar en mejor posición porque tiene todos los argumentos y facilidades para ello.

Cansado de pedir fichajes y que lleguen perfiles opuestos porque el español, a diferencia de otros managers de la Premier, no es director deportivo. Reacio a seguir trabajando de la mano de un dueño que está en continuo desinterés por el club y que parece va a hacer oídos sordos a esa oferta de compra de la entidad, pese a que cumple con los requisitos de venta que él mismo estableció.

No se sabe muy bien qué le depara ahora al Newcastle, que ha de acometer una reconstrucción de plantilla profunda. Junto a la salida del técnico, pueden salir hombres que hasta ahora estaban muy cómodos en los esquemas de Benítez y que solo permanecían en el club por lo que sabían el técnico podría hacer si le dejaban trabajar. Para el banquillo suenan desde entrenadores como Mourinho hasta cuasinovatos como Vieira, siendo Garry Monk el favorito en las quinielas.

El equipo perderá, seguro, su solidez y solidaridad defensiva. Se deshará como un azucarillo tras haber sido cemento armado pese a no disponer de jugadores específicos para lo que Benítez proponía. Necesitará buscar un delantero referencia, porque el Newcastle es ese equipo que, teniendo una opción de compra por Salomón Rondón de 16 millones de euros, no la ha efectuado para más tarde decirle a su club de procedencia que sí que quieren negociar por él para el próximo curso.

Sigue Newcastle en un limbo deportivo e institucional y hasta que no se solucione el segundo difícilmente lo hará el primero. Mike Ashley, el cáncer de la entidad, continúa con su afán de no ser extirpado pese a que no hay una sola persona en la ciudad que le quiere en el cargo.

Y mientras, la afición sigue ahí, como siempre. Al pie del cañón. Porque no conoce otra forma de vivir la vida sin ser la de amar a su equipo. Animarlo y acompañarlo hasta el fin de los días.

(27/06/2019)

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Diego G. Argota‏

Diego G. Argota‏

Periodista. Newcastle, en Premier (o en Championship). Alan Shearer.

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